QUÍEN TE SOSTIENE

  • Jun 22, 2021
  • Pr. Edward Zacarias
  • RRI
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"Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas"
(Mateo 6.25-26)

Muchos consideran que para vivir bien es necesario tener personas que les amen, estabilidad económica, estudios superiores, casa propia, contar con los servicios básicos y otras cosas más. Más aún, otros piensan que es necesario contar con un celular de última generación y un buen televisor para tener momentos de diversión. Esta forma de pensar nos conduce a cometer muchos errores tales como invertir los valores que Dios ha establecido para nuestra vida. Una manera de cambiar los valores es tomar la mayor parte del tiempo en el trabajo con la finalidad de obtener aquellas cosas que se consideran necesarias. Esto trae nefastas consecuencias como el menosprecio de la búsqueda de Dios, el descuido de la familia y buscar ansiosamente la satisfacción en las cosas de este mundo. Además, esta errada búsqueda trae un profundo descontento de lo que tenemos, y nos tienta a envidiar lo que otros tienen.

El Señor Jesús cuando dio su sermón de la montaña trató este tema delicado, y enseñó que para vivir bien en esta tierra es necesario sólo dos cosas: contar con alimentos para cada día y ropa para protección. Nuestro señor no incluyó vivienda propia, estudios superiores o estabilidad económica, lo cual es muy contradictorio con lo ofrecimientos políticos.

El Señor ha prometido proveernos fielmente del alimento tal como lo hace con las aves del cielo. Esto no es un llamado a ser haraganes, a no buscar un trabajo o a estirar la mano al gobierno. Es cierto que Dios alimenta a las aves, pero éstas tienen que salir y buscar con mucho esfuerzo el alimento que necesitan para vivir. Los israelitas en el desierto fueron alimentados por Dios con el maná, pero tuvieron que salir del campamento, cada día, aproximadamente dos kilómetros y recoger la cantidad suficiente para alimentar a su familia. La Escritura nos dice que Adán y Eva fueron puestos en el hermoso huerto de Edén, pero ellos tenían que labrar y sembrar la tierra para tener el pan de cada día. Es cierto que Dios promete provisión, pero cada persona tiene que buscar esa provisión. La Biblia enseña: El que no trabaja tampoco coma.

"Dios te proveerá del alimento, pero tú tienes que buscarlo."

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